Todavía recuerdo cuando iba en la secundaria y tenía
trece años, y mi mejor amiga y yo nos hacíamos miles de preguntas
existenciales: ¿Qué pasará mañana? ¿Quién se casara primero? ¿Quiénes de
nuestros compañeros terminará una carrera? Entre otras. En realidad era algo
que a esa edad resultaba de lo más divertido imaginar esas cosas. Al paso de
los años la amistad siguió, aunque por mil detalles ya no era lo mismo diez después, pero sin dejar de lado esos
encuentros para ponernos al tanto de nuestras vidas.
Incluso a aún recuerdo un domingo en la mañana
cuando quedamos de vernos en un restaurant para desayunar, en donde me contó con mucha emoción que había conocido a un chavo en su nuevo trabajo, dándome
los detalles de lo que sería el inicio de una relación que, sin imaginármelo,
llegaría al altar. Después de algún tiempo de relación ella y su novio tomaron
la magnífica decisión de unir sus vidas casándose. La noticia fue una bomba de
emociones porque me alegraba tanto al ver el brillo en sus ojos y claro al ser invitada a la boda, ahora tendría que pensar muy
bien con quien asistiría.
Dentro de mi lista figuraba una sola persona con
la que deseaba asistir, pero paso a dejar de estar dentro de la lista de un
momento a otro, dejándome devastada por el duelo y claro ahora sin cita para
ese día. Por lo que pensé en un plan emergente, en el que fuera mi mejor amigo,
pero tampoco, pues resulta que la amistad dejo de ser años atrás y ya no revivió.
En pocas palabras, para el día más importante en la vida sentimental de mi
amiga, yo estaba por ir sola. Pensé en miles de ideas locas sacadas de
películas en donde rentan novios para esos eventos, en ir con una amiga, en ir
con mi hermana, en ir con mi mamá, en volver a hablarle a mi ex solo para que
me acompañara, pero me di cuenta: y por qué demonios no ir sola.
Tal vez era una buena idea, ser la soltera que
tal vez encontraba a otro soltero, primo lejano del novio o qué sé yo, y justo
en ese día conocernos y hacer click. Sin embargo mi idea fue todo lo contrario.
Sí fui sola, pero honestamente fue la peor idea
que pude tener.
Para mi amiga lo normal era que yo asistiría
acompañada a la fiesta, de quien yo quisiera, con la sola finalidad de pasar un
momento divertido celebrando su nueva etapa de vida. Y justo por eso me sentó
en la mesa de sus amigos del mismo rango de edad, los cuales TODOS eran
casados, y con hijos. Admito que incluso hasta para ellos el solo hecho de
asistir con niños de brazos, o con niños con edad para comer completos en los
cuatro tiempos, era algo incómodo por no poderse parar a bailar, por no
poderlos dejar solos y claro la desesperación de los pequeños al estar en un
evento al que no tienen ni la menor idea de qué hacen ahí, y llorar o berrinchar
para irse a casa.
Por desgracia la misma historia se repetía en
cada una de las mesas, así que mi idea de pescar galán se quedó en solo una
idea. Fuera de no tener con quien pararme a bailar (cosa que no me sale del
todo bien), tuve que quedarme en la mesa como isla, en el medio de la mesa, soportando
al escuchar a los niños desesperados, y a las miradas de pavor: solterona. Incluso
sentí que en determinado momento me pedirían que me quedara cuidando a sus
hijos mientras ellos se paraban a bailar, gracias a Dios que no paso. Mi amiga
notó mi cara de desesperación ante tal dilema, que incluso me confeso que ella
no quería que llevaran a sus niños, pero que si hacía eso ellos no podrían
asistir por la misma razón de no saber qué hacer con ellos.
Mi experiencia en la boda de mi amiga es solo una
de las situaciones que día a día viven miles de solteros en el mundo. En esta
ocasión fue en un evento social, pero también existe en los teatros, en el
cine, en un restaurant, entre otros muchos lugares en donde los solteros son
vistos feo por no llevar una vida “normal” a cierta edad al batallar con los
hijos.
Actualmente existe en el mundo, y claro en México
una fuerte discriminación o repudio a esas personas que llegan a una
determinada edad casadera, que están solteras, y que van a estos tipos de
eventos, sin una pareja. No es necesario casarse, o vivir con alguien para
tener la felicidad completa a esa cierta edad. Muchas personas como yo, eligen
primero vivir o disfrutar de las delicias de estar solo, o acompañado, pero sin
casarse, gastando el dinero en gustos propios y no necesariamente de los hijos.
Que aclaro, no con esto estoy diciendo que estoy
en contra del amor, del matrimonio o que este amargada y no dese tener hijos.
Lo único que quiero expresar lo que impide a ambos grupos el hecho de poder
disfrutar de un momento agradable, criticando al otro por su forma de vida. Aprendamos
a llevarnos bien sin juzgar el tipo de vida de nadie.
Ncy Santamaría
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