jueves, 21 de enero de 2016

Nunca vayas a una Boda solo o sola.

Todavía recuerdo cuando iba en la secundaria y tenía trece años, y mi mejor amiga y yo nos hacíamos miles de preguntas existenciales: ¿Qué pasará mañana? ¿Quién se casara primero? ¿Quiénes de nuestros compañeros terminará una carrera? Entre otras. En realidad era algo que a esa edad resultaba de lo más divertido imaginar esas cosas. Al paso de los años la amistad siguió, aunque por mil detalles ya no era lo mismo  diez después, pero sin dejar de lado esos encuentros para ponernos al tanto de nuestras vidas.

Incluso a aún recuerdo un domingo en la mañana cuando quedamos de vernos en un restaurant para desayunar, en donde me contó con mucha emoción que había conocido a un chavo en su nuevo trabajo, dándome los detalles de lo que sería el inicio de una relación que, sin imaginármelo, llegaría al altar. Después de algún tiempo de relación ella y su novio tomaron la magnífica decisión de unir sus vidas casándose. La noticia fue una bomba de emociones porque me alegraba tanto al ver el brillo en sus ojos y claro al ser invitada a la boda, ahora tendría que pensar muy bien con quien asistiría.

Dentro de mi lista figuraba una sola persona con la que deseaba asistir, pero paso a dejar de estar dentro de la lista de un momento a otro, dejándome devastada por el duelo y claro ahora sin cita para ese día. Por lo que pensé en un plan emergente, en el que fuera mi mejor amigo, pero tampoco, pues resulta que la amistad dejo de ser años atrás y ya no revivió. En pocas palabras, para el día más importante en la vida sentimental de mi amiga, yo estaba por ir sola. Pensé en miles de ideas locas sacadas de películas en donde rentan novios para esos eventos, en ir con una amiga, en ir con mi hermana, en ir con mi mamá, en volver a hablarle a mi ex solo para que me acompañara, pero me di cuenta: y por qué demonios no ir sola.
Tal vez era una buena idea, ser la soltera que tal vez encontraba a otro soltero, primo lejano del novio o qué sé yo, y justo en ese día conocernos y hacer click. Sin embargo mi idea fue todo lo contrario.

Sí fui sola, pero honestamente fue la peor idea que pude tener.
Para mi amiga lo normal era que yo asistiría acompañada a la fiesta, de quien yo quisiera, con la sola finalidad de pasar un momento divertido celebrando su nueva etapa de vida. Y justo por eso me sentó en la mesa de sus amigos del mismo rango de edad, los cuales TODOS eran casados, y con hijos. Admito que incluso hasta para ellos el solo hecho de asistir con niños de brazos, o con niños con edad para comer completos en los cuatro tiempos, era algo incómodo por no poderse parar a bailar, por no poderlos dejar solos y claro la desesperación de los pequeños al estar en un evento al que no tienen ni la menor idea de qué hacen ahí, y llorar o berrinchar para irse a casa.

Por desgracia la misma historia se repetía en cada una de las mesas, así que mi idea de pescar galán se quedó en solo una idea. Fuera de no tener con quien pararme a bailar (cosa que no me sale del todo bien), tuve que quedarme en la mesa como isla, en el medio de la mesa, soportando al escuchar a los niños desesperados, y a las miradas de pavor: solterona. Incluso sentí que en determinado momento me pedirían que me quedara cuidando a sus hijos mientras ellos se paraban a bailar, gracias a Dios que no paso. Mi amiga notó mi cara de desesperación ante tal dilema, que incluso me confeso que ella no quería que llevaran a sus niños, pero que si hacía eso ellos no podrían asistir por la misma razón de no saber qué hacer con ellos.

Mi experiencia en la boda de mi amiga es solo una de las situaciones que día a día viven miles de solteros en el mundo. En esta ocasión fue en un evento social, pero también existe en los teatros, en el cine, en un restaurant, entre otros muchos lugares en donde los solteros son vistos feo por no llevar una vida “normal” a cierta edad al batallar con los hijos.

Actualmente existe en el mundo, y claro en México una fuerte discriminación o repudio a esas personas que llegan a una determinada edad casadera, que están solteras, y que van a estos tipos de eventos, sin una pareja. No es necesario casarse, o vivir con alguien para tener la felicidad completa a esa cierta edad. Muchas personas como yo, eligen primero vivir o disfrutar de las delicias de estar solo, o acompañado, pero sin casarse, gastando el dinero en gustos propios y no necesariamente de los hijos.

Que aclaro, no con esto estoy diciendo que estoy en contra del amor, del matrimonio o que este amargada y no dese tener hijos. Lo único que quiero expresar lo que impide a ambos grupos el hecho de poder disfrutar de un momento agradable, criticando al otro por su forma de vida. Aprendamos a llevarnos bien sin juzgar el tipo de vida de nadie.

Ncy Santamaría